Aguas residuales: El futuro del combustible en la lucha contra la contaminación [Te Interesa Conocer]

El tratamiento nulo o indebido de las aguas residuales puede llegar a generar graves problemas de contaminación, y por eso desde hace varios años la industria ha estado trabajando en la producción de alternativas energéticas de menor impacto ambiental. Este es el caso del Laboratorio Nacional del Pacífico Noroeste (PNNL), que hace parte del Departamento de Energía del gobierno norteamericano. Este organismo ha estado desarrollando una tecnología denominada licuado hidrotérmico, que imita las condiciones geológicas que utiliza la Tierra para crear petróleo crudo, muy similar al que extraemos del suelo. La tecnología es capaz de utilizar presiones y temperaturas altísimas para obtener en minutos algo que le toma millones de años a la naturaleza.

Pese a que las aguas residuales fueron descartadas como fuente de biocombustible por su humedad, este proceso permite acelerar su proceso de secado, para convertirlas en biocrudo. El proceso es simple: las aguas residuales sufren una presión de 1,3 toneladas por cada metro cuadrado., y pasan por un reactor a 350 grados centígrados de temperatura. De este proceso nace un biocrudo que puede ser refinado con los procesos convencionales de refinación de petróleo.

Las aguas residuales como proceso tecnológico renovable

Corinne Drennan, responsable de investigación sobre tecnologías de bioenergía en el PNNL, considera que han acelerado la tecnología de conversión hidrotérmica en los últimos seis años, “para crear un proceso continuo y escalable que permite el uso de residuos húmedos como los lodos de depuradora”. Desde luego, las aguas residuales no son la única materia prima que puede ser utilizada con este invento, pues también es posible utilizar residuos agrícolas.

El sitio web The Verge quiso demostrar lo positivo de este experimento con cifras. De acuerdo a la página, solo en Estados Unidos se tratan 130.000 millones de litros de aguas residuales cada día, lo que equivale a 30 millones de barriles de petróleo por año. Ante estas cifras, PNNL asegura que una sola persona podría generar unos 10 litros de biocrudo al año y reportar un ahorro significativo a los gobiernos locales, eliminando la necesidad de procesar, transportar y deshacerse de las aguas residuales. En cuanto a los planes a futuro, el primer país en realizar las pruebas será Canadá, que espera construir la primera planta de demostración de esta tecnología.

Algas y los residuos alimenticios, otras opciones de combustible

Este proyecto de aguas residuales no ha sido el único que se ha planteado para crear un combustible diferente en el futuro. En 2012 un grupo de ingenieros e investigadores del Fraunhofer Institute for Interfacial Engineering and Biotechnology (IGB) desarrolló una planta piloto que aprovecha los residuos alimenticios que se acumulan en supermercados, restaurantes y cafeterías para producir metano, también conocido como biogás, que puede ser comprimido en cilindros de alta presión y se utiliza como combustible, más económico y ecológico que la gasolina o el diésel. Tomates, plátanos o cerezas que se han echado a perder o que no pueden consumirse son habitualmente desechados día a día en grandes cantidades por restaurantes, supermercados o cafeterías. Gracias al trabajo de los ingenieros e investigadores del IGB, estos residuos pueden aprovecharse ahora para producir biogás.

Al mismo tiempo, investigadores de la Universidad de Tel Aviv, en Israel, optimizaron el empleo de algas marinas para la generación de biocombustibles. Esto resolvería los problemas ecológicos que ya existen en el medio marino, pues las algas pueden eliminar la contaminación provocada en el fondo del mar debido a desechos humanos o a la acuicultura.

Imagen @RayMark, distribuida con licencia Creative Commons BY-SA 2.0

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