Nuevos esquemas de financiación y creación de productos para empresas

Por muchos años, he sostenido algo que también dicen los expertos en el tema y es que las empresas que no innovan tarde o temprano desaparecerán. Estamos en un mercado con mucha competencia, dónde las barreras cada vez son menores y la competencia no solo es local, sino a nivel global. Por ejemplo, una persona con acceso a Internet y un computador, puede estar vendiendo productos a prácticamente todo el mundo, a menores precios que la “competencia tradicional”.

En el artículo del día hoy, quise explorar 2 modelos complementarios para crear productos y financiarlos, que pueden ser muy interesantes para empresas conformadas. Estos modelos son muy usados hoy en día por emprendedores y empresas nacientes, pero que creo que tienen gran cabida en empresas con muchos años de existencia y gran experiencia. Los dos modelos se basan en reducir el riesgo para la empresa y basarse en una interacción cercana con los usuarios. A continuación exploro los dos modelos.

Creando productos mínimos viables

En un artículo anterior, había introducido brevemente el tema de las métricas vanidosas y el modelo de Lean Startup. Este un modelo que invita a crear productos nuevos con las características mínimas posibles. En cierto modo, este es el modelo que siguen marcas de tecnología, como Apple y Samsung, que lanzan productos nuevos con frecuencia y mejoran sus características con cada lanzamiento.

Supongamos que su empresa desea lanzar un nuevo producto o una nueva versión de uno existente. Para este producto se ha realizado un listado de características ideales con las cuáles debería contar el mismo. Desarrollar este nuevo producto, incluyendo diseño, ingeniería, producción, marketing y demás, puede demorar cierto tiempo y costar un dinero determinado.

Como alternativa al modelo tradicional anterior, se sugiere en el modelo de Lean Startup, crear una versión reducida del producto, con lo mínimo viable. En este caso, algunas de las características se dejan para un futuro. Para que esto funcione, se debe mirar que está haciendo la competencia y que no se lance un producto muy inferior a lo que ya hay en el mercado. Al crear productos de esta forma, se reduce la inversión y el tiempo en el desarrollo.

Si seguimos este modelo, debemos entender que este producto lanzado tiene que ser bueno, pero no el producto ideal que inicialmente planificamos. Al lanzarlo podemos analizar el éxito del mismo, errores que hayamos tenido, así como cosas buenas que tenga el mismo. Debemos escuchar a los clientes para que nos hagan sugerencias sobre el mismo y cómo mejorarlo.

Si estamos hablando de un producto final, podemos hacer versiones nuevas o iteraciones quizás cada 6 a 18 meses, mejorando lo que teníamos. Si es un servicio o producto intangible, como un software, podemos lanzar mejoras tan frecuentes, como un par de veces al mes.

Una de las ventajas de este modelo, es que si el producto no es exitoso comercialmente o una parte del mismo, podemos aplicar cambios con facilidad. De la misma forma, si no logramos grandes ventas, podemos mejorar lo que se tiene, escuchando a los clientes y perdiendo menos dinero en el intento, frente a un desarrollo tradicional.

Este modelo sirve para muchas industrias, pero en algunas, como la de la aviación y los medicamentos, seguro no sería buena idea lanzar productos que no están 100% finalizados. Muchos emprendedores usan este modelo y es evidente que empresas consolidadas pueden aprovechar esta experiencia para innovar en la forma como crean y lanzan productos nuevos al mercado.

Financiación colectiva

Junto con el producto mínimo viable, está lo que se conoce como financiación colectiva o en inglés, Crowdfunding. Este modelo busca que el desarrollo de un producto nuevo sea patrocinado financieramente por usuarios potenciales. De hecho estos usuarios financian usualmente un proyecto o idea, cuando no existe siquiera un prototipo o existe un prototipo totalmente básico.

Para conseguir estos recursos, existen múltiples plataformas web, dónde la empresa o personas explican su proyecto, usualmente con fotos y un video, y una promesa de lo que será el producto final. En esta descripción además se solicita un mínimo de dinero, que pueden ser unos miles de dólares hasta varios millones. La plataforma solo dará el dinero si se cumple esta meta. Para quienes auspicien el proyecto, se les dará algo a cambio, que puede ser un obsequio simbólico o una versión funcional del producto.

Con el Crowdfunding se está trabajando con dinero de otros y si fracasa el proyecto, se pierde dinero de otros. Claro, si esta situación llega a suceder, no es positiva y para una empresa, puede ser algo muy negativo. Como elemento positivo, este modelo asegura no solo la financiación, sino que antes de invertir dinero de la empresa, se crea una audiencia potencial que está interesado en nuestra idea.

Producto mínimo viable + Crowdfunding

Para finalizar, quiero mostrar como los dos modelos se pueden fusionar. Podemos plantear un modelo de Crowdfunding, con la versión mínima del producto y buscar tanto financiación como mercado. De esta forma, la meta de dinero a recoger con la financiación colectiva no será tan alta y difícil de lograr y vamos probando el mercado.

Sugiero a las empresas, de todo tamaño y experiencia, a analizar estos dos modelos y probar. El riesgo no es tan alto como crear un producto nuevo con recursos propios y nos puede abrir las puertas. Es casi como lanzar un producto que tiene su futuro asegurado, lo cual es el sueño de toda empresa y su equipo de mercadeo.

Imagen: @kenteegardin, distribuida con licencia Creative Commons BY-SA 2.0

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