Las ciudades de América Latina no pueden ser ciudades inteligentes (pero sí tener proyectos sectoriales inteligentes con verdadera apropiación digital).

Una simple diferencia conceptual hace comprender por qué nuestras ciudades no llegarán a ser como los domos habitables que inundan el imaginario de las Smart Cities. Pero esto no debe dañar nuestra esperanza de tener ciudades habitables, sostenibles y diseñadas en función de la calidad de vida de los ciudadanos, donde la tecnología es pieza clave para su desarrollo.

Según la ‘Guía de territorios y ciudades inteligentes’, una ciudad inteligente es aquella construida desde cero, caracterizada por una planificación total del uso de los recursos y el espacio físico. En paralelo, una ciudad con proyectos sectoriales inteligentes es aquella, como las nuestras, que ya existe y que debe considerar el entorno actual (generalmente poco planificado y con grandes brechas económicas y sociales), para integrar la ‘inteligencia’ en él.

Los proyectos sectoriales inteligentes incluyen soluciones tecnológicas a subsistemas específicos: alumbrado público, seguridad, movilidad, etc., haciendo más eficiente la infraestructura y los modos de vida existentes.

Aunque en la práctica las ciudades que adelantan proyectos sectoriales inteligentes son conocidas como ‘ciudades inteligentes’, lo cierto es que la denominación esconde los grandes retos que enfrentan los tomadores de decisiones en cada localidad.

Hay que enfrentarse a grandes retos

El primero de ellos es pasar de la noción de ‘ciudad digitalizada’ a ‘ciudad inteligente’. La digitalización se refiere al primer paso hacia el uso de las tecnologías para la gestión de las ciudades y tiene que ver, principalmente, con cómo los servicios ciudadanos se encuentran en línea y se acercan hacia el gobierno electrónico. Así, en una ciudad digitalizada, los trámites de certificaciones notariales, pagos de impuestos o reclamos a entidades estatales pueden hacerse vía web.

La simple digitalización de las ciudades implica grandes inversiones de dinero para el desarrollo de infraestructura TI, formación del talento humano en las entidades públicas y, particularmente, la generación de apropiación de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) para que toda la población de un territorio esté en capacidad de usar la red como medio para sus trámites.

Sin embargo, pese a todo el esfuerzo necesario para conseguirlo, quedarse en ese estadio de digitalización es hacer solo una parte de la tarea. Lo que viene luego es poner en el mapa la suma de necesidades e intereses de los ciudadanos, un conjunto de recursos de todo tipo – incluyendo tecnología – y toda la creatividad con miras hacia el desarrollo sostenible, que en conjunto dará como resultado la formulación de proyectos sectoriales inteligentes.

Ciudadanos inteligentes

Llegar a construir ciudades inteligentes supone que en paralelo se constituya una ciudadanía inteligente, donde no solo se amplíe el sentido cívico sino que además los habitantes estén en capacidad de aprovechar de forma efectiva los recursos que cada localidad pone a su servicio (apropiación de TIC). Sin el factor ‘ciudadano inteligente’ será imposible de lograr una transformación digital de nuestros territorios.

Imagen destacada: @FranciscoDiez distribuida con licencia Creative Commons BY-SA 2.0

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