Las ciudades inteligentes: Un camino a la transformación del ciudadano

En Colombia hemos visto un notable crecimiento en la cobertura de servicios de datos en el país gracias a la creciente penetración de Internet y el acceso a información en dispositivos móviles. Las halagadoras cifras en esta materia se deben a las decididas iniciativas del Gobierno que prometen que la tendencia se mantenga en el corto y mediano plazo.

Sin embargo, sabemos que en materia de tecnología la última palabra nunca está dicha pues la versatilidad en las comunicaciones, la disponibilidad de la información en tiempo real y la dinámica de la mayor participación ciudadana conllevan retos interesantes e inspiradores para los gobiernos. Es por ello que el concepto de SmartCities o Ciudades Inteligentes no sólo representa una realidad necesaria para incrementar el bienestar de los ciudadanos sino una ventana a diferentes posibilidades que permitan la optimización de procesos, mayor involucramiento de los ciudadanos en la cotidianidad de su ciudad, y reducción de tiempos en toma de decisiones. Aunque el país ha dado pasos firmes en este sentido, incluso obteniendo una posición de vanguardia dentro de la región en la implementación del concepto de Ciudades Inteligentes, la tendencia de la que hablábamos arriba implica un esfuerzo sostenido para aprovechar todas las oportunidades que ofrecen.

Ciudades inteligentes e innovación

Los gobiernos ahora enfrentan retos asociados a una mayor responsabilidad en la ejecución de sus presupuestos sin perder la eficiencia y agilidad en la respuesta a sus ciudadanos en la prestación de servicios. Por esta razón la innovación debe ser parte fundamental del plan de desarrollo de cualquier ciudad o región pues aprovecha el alcance de las herramientas combinándolas con las prioridades y los proyectos gubernamentales, con el fin de tener un producto terminado más accesible y eficiente. Gracias a la innovación encontramos hoy ejemplos de ciudades inteligentes que se destacan en la prestación de servicios a sus ciudadanos y visitantes, las cuales incrementan la calidad de vida de sus habitantes y se destacan en el relieve mundial. Son estas experiencias las que debemos analizar e incorporar con el grado debido de adaptación a nuestras ciudades.

Las expectativas sobre una creciente adopción del concepto deben apuntar a dos premisas básicas: Optimización de los recursos y un mayor relacionamiento con los habitantes.

Procesos ágiles y eficientes

Las ventajas de las ciudades inteligentes en cuanto a la optimización de procesos son más que evidentes. En este momento la tecnología permite la prestación de servicios públicos de manera óptima encontrando fallos en tiempo real disminuyendo las interrupciones y reduciendo los tiempos de respuesta, automatizando procesos de inspección y mantenimiento y administrando con eficiencia la infraestructura de la ciudad. Ya podemos ver como algunas ciudades están en la capacidad de emitir facturas de servicios públicos en tiempo real en el sitio de vivienda de un ciudadano cualquiera según la lectura que pueda hacerse de manera presencia o virtual, o también programar visitas en horarios precisos y resolver problemas en el menor tiempo posible.

En cuanto al desarrollo de la infraestructura, ahora las ciudades pueden realizar un monitoreo permanente del desempeño de los contratistas en cuanto a la ejecución de los proyectos, asignación de tareas y recursos, determinación y ajuste del tiempo de ejecución, el manejo de inventarios, control de tráfico vehicular y medio ambiente.

Participación ciudadana

Sin duda uno de los primeros beneficios que disfrutamos los habitantes de una ciudad es encontrar un gobierno con el cual es sencillo interactuar. Es por ello que los adelantos en esta materia se han orientado a facilitar las consultas, trámites, pagos de servicios e impuestos, acceso a servicios, uso de transporte público, procesos de reclamaciones y respuestas a emergencias en la prestación ágil de los servicios de salud.

El sentido de comunidad también puede verse afectado positivamente pues existe una mayor oportunidad de denunciar situaciones de seguridad o de orden público, o en la posibilidad de crear un sistema solidario donde puedan conectarse personas desempleadas con empresas que tienen vacantes.

Con todo lo anterior, es fácil concluir que con una buena dosis de decisión desde los gobiernos de las ciudades, la correcta elección de soluciones tecnológicas y una rápida implementación, muy pronto la calidad de vida de los habitantes de una determinada ciudad puede beneficiada. Mucho está por venir.

Imagen: @Luke.Ma, distribuida con licencia Creative Commons BY-SA 2.0

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