El lnternet de las Cosas y el nuevo paradigma de la presencia

En la superficie, el internet de la cosas (IoT) puede parecer una simple continuación de todo lo que ya existe: los accesos a la red se expanden, la big data evoluciona y eventualmente habrán más cosas conectadas entre si de lo que se haya visto jamás. Sin embargo todo esto pasa por alto un cambio importante que esta a punto de tener lugar, uno que va a modificar la forma como nos vemos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. Este cambio depende del concepto de “presencia” y con más de un 1.1 billón de cosas conectas este año, los humanos nos estamos transformando.

La presencia y el concepto original

En su forma original, la presencia significa dos o más personas, juntas, conscientes de sí y del otro. “Estamos aquí, nos estamos comunicando, estamos presentes”. Presencia implica que alguien o algo esta alrededor, y que son activos en ese espacio. Incluso lo podemos llevar más lejos y describirlo como una sensación extrasensorial que nos lleva a tener reacciones o respuestas.

La presencia se desvincula de la proximidad

A inicios de 1900, el concepto de presencia se desvincula de la ubicación. El teléfono nos dio los beneficios de la comunicación en persona, por ende ya no se estaba atado a un lugar pero se mantenía la sensación de que alguien estaba escuchándonos y comunicándose con nosotros.

Estas interacciones fueron en gran medida uno-a-uno, e incluso cuando era en grupos (teleconferencias), las personas todavía se comunicaban uno a la vez. La ubicación y el tiempo todavía eran pertinentes a la presencia, ya que se necesitaba estar en la proximidad de un teléfono y en vivo con el fin de participar en esta “interacción”.

La presencia se distribuye

La presencia quedó distribuida como resultado de las muchas innovaciones de las últimas décadas, incluyendo Internet y dispositivos móviles. Ahora tenemos la posibilidad de llevar nuestro “sentido de la presencia” con nosotros casi a cualquier lugar que vayamos. En lugar de decir, “nunca me llamas”, diríamos, “Nunca te veo en Facebook”; ya no dependemos de un teléfono y podemos consultar el correo electrónico desde cualquier computador, ya que toda la información se encuentra en la nube. Reemplazamos el concepto de presencia por de conectividad lo que implica que la ubicación deja de ser un factor relevante, al igual que la dependencia a un dispositivo en particular.

La presencia se democratiza

La democratización toma algo en demanda y la coloca al alcance de un nuevo grupo. La demanda aquí es la presencia en sí. Hasta este punto, la presencia esta totalmente desvinculada y distribuida, pero todavía requiere del ser humano. El paso a la democratización significa que la presencia se convierte en algo que las cosas pueden tener. Sin embargo la presencia implica una capacidad de respuesta que responde a algún estímulo. Esta no es realmente pasiva.

La evolución de la “presencia”

Imagine las cosas que necesitamos en el presente y en el pasado, lo más probable es que no sean necesarias en su forma actual. Las apps que utilizamos hoy en día se volverán obsoletas. Las propias interfaces pueden llegar a ser innecesarias si los dispositivos son capaces de tener presencia, ya que podrían identificar nuestras necesidades sin que tengamos que expresarlas verbalmente o visualmente.

La democratización de la presencia refleja las necesidades cambiantes de nuestra propia percepción humana de la “presencia”. El IoT tiene el potencial de tener un gran impacto sobre el concepto, con dispositivos capaces de detectar, recopilar datos y algoritmos capaces de tomar acciones en base a esos datos. Este cambio a la presencia transformaría drásticamente la clase de dispositivos utilizamos, las formas en que interáctuamos con ellos, y las actividades en las que participamos.

El futuro de la presencia depende de las políticas

En el IoT, los humanos seguirán redefiniendo la “presencia”, lo que resulta en una presencia inteligente de la que podemos ser o no ser conscientes. Nuestro concepto de “desconectarse” de lo digital puede llegar a ser obsoleto, ya que llegamos a depender y confiar en la formar en la que se toman las decisiones desde los dispositivos conectados.

Nuestra propia percepción de lo bien que una cosa sirve estará más ligada a las políticas que impulsan las decisiones que a su hardware o sensores. Por ejemplo: un termostato capaz de regular el clima de la casa mediante el control de la temperatura del cuerpo y los comportamientos de sus ocupantes, con poca o ninguna participación humana.

¿Un futuro sin presencia?

Nuestra nueva definición extraña de “presencia” no sólo abarcará las cosas que nos rodean, también, los motores de decisiones y políticas que impulsan dichos dispositivos. La potencia digital del futuro estará en que la presencia pueda tomar decisiones informadas e inteligentes que nosotros percibamos como correctas y útiles.

 

Este artículo fue construido en referencia al post de Danny Brian para el Gartner Blog Network.

Imagen @JD Hancock, distribuida con licencia Creative Commons BY-SA 2.0

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