M-Salud, el rumbo que deben entender las organizaciones de salud

La mSalud, o salud móvil, implica el uso de tecnologías móviles para la mejora de la salud individual y colectiva ya sea para la prevención de la enfermedad (o cualquier suceso médico) en un individuo o ya sea para la gestión posterior a dicho suceso. También se incluyen intervenciones que hagan uso de estas tecnologías para la educación en salud a la población en general o a trabajadores de la salud con el objeto de mejorar sus capacidades, así como aquellas dirigidas a la vigilancia a gran escala de indicadores de salud.

En esa medida, la mSalud puede ser empleada para un abanico grande de propósitos: promoción de la salud, prevención de la enfermedad, prestación de servicios de salud, capacitación y supervisión, pagos electrónicos asociados a los servicios de salud y como potenciadora de los sistemas de información en salud. Además de lo anterior, la mSalud que tenga un enfoque en los determinantes sociales de la salud también encuentra su espacio fértil. Es decir, intervenciones para disminuir el desempleo, controlar cualquier tipo de contaminación ambiental, prestar servicios escolares, manejo del agua potable o agricultura urbana, entre otros.

 ¿Cuáles son las tecnologías móviles para la salud?

Como tecnologías móviles entenderíamos aquellas que se encuentran dentro de estas categorías: asistentes personales digitales, teléfonos inteligentes, reproductores digitales portátiles (el Ipod o cualquier reproductor de mp3), consolas de juegos portátiles (¿Quién no recuerda, por ejemplo, el Gameboy?) y todas las tabletas. Incluso los computadores portátiles o laptops bien podrían entrar en esta categoría.

¿Por qué y para qué necesitamos de la mSalud?

No sólo necesitamos la mSalud, sino que es una de las estrategias que van tomando curso para lidiar con ciertos retos en el aseguramiento de la prestación de servicios de salud a la población. No siendo la única, claro.

Para empezar, y no pretendo ser ni mucho menos exhaustivo, a pesar que la natalidad ha bajado en los últimos 60 años de unos 6.5 niños en promedio por mujer en edad fértil a unos 2.5 hoy en día, el incremento poblacional sugiere que para el año 2100 pasaremos de los actuales 7 mil millones de habitantes a unos 12 mil.

Por otra parte, hay una marcada tendencia al envejecimiento de la población. Es decir, de un 8% de personas mayores de 65 años pasaremos en el 2050 alrededor de un 22%. Asimismo, las condiciones crónicas como tener una presión arterial alta, asma y el colesterol alto van también en aumento. Esto representa el continuo uso de servicios de salud durante largos períodos de tiempo.

Entretanto, relacionando los tres puntos anteriores, se tendrá menos porcentaje de personas en edad de trabajo remunerado, es decir, una reducción en el flujo de dinero al sistema de salud, una población que por sus características es más propensa a enfermedades o condiciones crónicas y que, con el aumento de la expectativa de vida (en Colombia hemos pasado en de 59 años en 1964 a 74 años en el 2014), ampliará el uso, requerimiento y necesidad de servicios de salud: personal, infraestructura y tecnología.

Acá vale la pena  compartir la siguiente frase de Sir Michael Rawlins, presidente del National Institute for Clinical Excellence del Reino Unido “ningún país del mundo tiene los recursos suficientes para proveer a todos sus ciudadanos la totalidad de los servicios con los máximos estándares de calidad posibles; cualquiera que crea lo contrario vive en un mundo de fantasía”. Y para terminar, toda la evidencia apunta a que el principal factor del incremento del costo del sistema de salud se debe al uso y difusión de las tecnologías en salud y de su continua innovación.

El panorama es pues de altos costos, alta demanda, promesas de cobertura universal y retos que aumentarán esa demanda, esos costos y la población a cubrir.

¿Por qué tanto enfoque en la mSalud?

Básicamente porque las tecnologías móviles, mejor dicho, los teléfonos celulares que su más cercano ejemplo, están en todas partes y se puede decir que casi cada colombiano dispone de uno. Del que sea. Eso, en sí mismo, ya establece un mecanismo de, al menos, comunicación con un gran porcentaje de la población y quien es objeto y ser del sistema de salud y de cualquier otro sistema social. Si le añadimos el nivel de popularidad de que ya gozan y las características técnicas que cada vez van incluyendo y mejorando (¿recuerdan cuando los más económicos no tenía ni siquiera radio ni color?), tenemos una herramienta que urge a ser empleada más allá para el bienestar de la sociedad. Ya está dado. Es importante aclarar que, de acuerdo al tipo de celular en la mano, varía en consecuencia el tipo de servicios que pueda o pretenda ofrecerse.

Imagen @HealthGauge, distribuida con licencia Creative Commons BY-SA 2.0

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